La borrasca “filomena”, que azotó la península ibérica en enero de 2021, dejó importantes daños y secuelas en el arbolado. Especies como el pino piñonero, los cedros o los aligustres han sido las que más han sufrido los efectos del temporal. Dada la magnitud de la situación, surge la necesidad de llevar a cabo proyectos de restauración como el llevado a cabo en el Parque de la Alhóndiga, en el que se han plantado 150 árboles y 600 arbustos, con el objetivo de recuperar este espacio verde y favorecer la presencia de diferentes zonas que permitan un aumento de la biodiversidad.

La rotura de ramas, el descalce y caída de ejemplares han motivado durante meses un trabajo continuo de retirada de gran cantidad de madera. En la madera de los árboles se almacenan grandes cantidades de carbono proveniente de la atmósfera, el uso de este material para elaborar productos como muebles, suelos, utensilios o elementos constructivos, permite mantener el carbono en la madera a lo largo de la vida útil del producto en cuestión, además las emisiones que se generan en la fabricación de estos productos son reducidas. Se trata de un recurso renovable muy interesante para su aplicación con la meta de alcanzar un desarrollo más sostenible.

Productos elaborados con madera, que almacenaran carbono durante su vida útil.

Además de la utilidad como producto o como fuente de energía, la madera muerta tiene importantes funciones dentro del ecosistema:

  • Ciclo de nutrientes. La paulatina descomposición de la madera proporcionará nutrientes y enriquecerá el suelo, constituyendo un abono nat
  • Madera muerta que aún se mantenga en pie, es aprovechada por aves para

crear los nidos en sus huecos o usada por las rapaces a modo de atalayas (puntos de observación de caza)

  • Sirve de refugio y alimento para una gran variedad de insectos, el ejemplo más claro es el de los invertebrados xilófagos (se alimentan de madera muerta en su etapa larvaria)

La presencia de insectos en estos refugios favorecerá la progresiva aparición de otros seres vivos, ya sean otros insectos, aves, reptiles o pequeños mamíferos.

  • No solo suponen un refugio de biodiversidad para animales, sobre la madera se desarrollarán hongos e incluso algunos ejemplares de plantas, constituyendo un pequeño ecosistema en sí

De izquierda a derecha. Arriba, un conjunto de hemípteros llamados comúnmente zapateros, aprovechan huecos de la madera como refugio. Abajo, Coleóptero xilófago – Cerambix cerdo. Derecha, hueco en tronco muerto que podrá ser utilizado por aves o pequeños mamíferos.

Se puede afirmar, por tanto, que además de los grandes beneficios que proporcionan los árboles durante su vida: sombra, fijación de carbono, producción de oxígeno, alimentos…, cuando desgraciadamente se produce la muerte de un ejemplar su aportación a la vida continúa a través de su madera y la descomposición de la misma.

En el Parque de la Alhóndiga (Getafe) las especies más afectadas por el temporal fueron el pino piñonero (Pinus pinea) y el Álamo boleana (Populus bolleana). Varios de los ejemplares eran de grandes dimensiones, sobre todo en el caso de los álamos. Con el objetivo de aprovechar los recursos y mostrar el funcionamiento de los ecosistemas, se han utilizado algunos restos de madera de estas especies para crear una zona de refugios de biodiversidad.

En esta área se puede observar, de primera mano, la importancia de la madera muerta en la naturaleza. Si se pone atención se puede visualizar el proceso de descomposición que sufre la madera y la gran variedad de especies (hongos, insectos, microorganismos) que pueden albergar y atraer este tipo de espacios, constituyendo auténticos refugios de biodiversidad dentro de un parque periurbano.